Simón Vélez, es uno de esos arquitectos que construyen pensamiento. Su trabajo, con base en Colombia, se adapta al territorio, el clima, la escasez de recursos y el conocimiento vernáculo no son obstáculos, sino punto de partida. Allí el bambú —la guadua— no es solo un material: es cultura y es memoria.
En sus manos, la guadua deja de ser tradición para convertirse en visión. Vélez demuestra en sus proyectos internacionales que una arquitectura profundamente local puede dialogar con el mundo entero. Un material capaz de unir artesanía ancestral y diseño contemporáneo, tradición y tecnología, ética y técnica: El llamado “acero vegetal” del siglo XXI. Quizá ahí está la verdadera lección: construir con lo que la tierra ofrece, pensando en grande.